El poder de los pequeños gestos

Hoy me he sentado en ese asiento un poco más grande que hay en los autobuses, justo detrás del conductor. Es un espacio muy grande para una sola persona y demasiado pequeño para dos. Me he sentido un poco culpable porque había unas pegatinas con dibujos de hombres con bastón, mujeres embarazadas y ancianos. Estaba tan cansada que he pensado que mi pelo blanco me daba algo de crédito para colocarme allí.

Como la conciencia es algo fastidiosa, cada vez que subía gente yo miraba por el rabillo del ojo, por si había alguien más merecedor del asiento que yo. No tenía ganas de cederlo pero, estaba dispuesta a arrimarme y dejar que otra persona se sentara a mi lado.

La oportunidad no ha tardado en presentarse. Una señora mayor y un “chico” de mi edad han subido juntos, yo le he preguntado a la señora si quería sentarse y ella ha estado encantada de poder hacerlo. El sobrino, después me he enterado del parentesco, estaba tan contento que me ha dicho que si volvía a verme algún día me regalaría un librito que él escribía para gente que le parecía simpática (¿?¿?). Nos hemos puesto a hablar y me ha explicado – a mí y al resto del autobús porque hablaba altísimo – que tenía pensado empezar a estudiar medicina a pesar de que todo el mundo le decía que ya era muy mayor. Le he dicho que, si eso era lo que su corazón le pedía, ya estaba tardando y que se pusiera a estudiar medicina al margen de lo que los demás opinaran. Igual le veo algún día en un consultorio médico, le he dicho yo y él me ha contestado que no quería dedicarse a la medicina de esa manera sino que quería hacer investigación. ¡Olé por la gente que no se pone límites y persigue sus sueños!

Nos hemos despedido como si fuésemos amigos de toda la vida. Me han dado la mano y me han regalado dos sonrisas que han añadido serotonina y endorfinas a mi vida. He decidido tener presente esta anécdota el día que no tenga ganas de sonreír. A veces solo hay que iniciar algo con un gesto amable para descubrir la maravillosa capacidad del ser humano de sorprendernos.

¡Feliz martes!

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