Lily y el pulpo – Steven Rowley

He aquí un libro que compré porque necesitaba cambiar un billete de €100 y, ya que estaba en una librería, me pareció una excusa excelente. He de decir, que más que una librería se trataba de una de esas tiendas en que venden de todo un poco por tanto, no había mucho dónde elegir.

Lily y el pulpo narra la historia de Ted, un joven gay y su perra, Lily, que una mañana se despierta con un pulpo en la cabeza…o eso es lo que ve su dueño. A partir de ahí, el autor narra en 341 páginas la odisea que ambos protagonistas viven para deshacerse del pulpo que no es otra cosa que el cáncer que sufre su querida mascota.

Hay momentos de gran sensibilidad en los que el autor nos narra con maestría las emociones que Lily le despierta así como, la complicidad entre ambos que se traduce en un diálogo imaginario entre el animalito y su dueño. Combina con fluidez los desvelos por salvarle la vida a su mascota mientras él intenta mantenerse a flote en una vida llena de altibajos en la que también nos habla de una dolorosa ruptura amorosa.

La novela resulta la mayor parte del tiempo una lectura amena que nos mantiene a la expectativa sobre qué sucederá con el pulpo y qué será de la vida de Ted si éste gana la batalla. Opino que con la mitad de las páginas podría haber dicho lo mismo porque, hay momentos en que resulta algo cursi y cargante con frases que se repiten hasta la saciedad.

Me la leí hasta el final porque, si voy a escribir una crítica, no me queda otro remedio. ¿Volvería a leer este libro? No. Pero, como siempre os comento, las críticas son altamente subjetivas, personales y filtradas por las experiencias y criterios de cada persona. Por ejemplo, he aquí la opinión de Julie Klam del Washington Post “La lectura de esta novela, desgarradora pero con una increíble capacidad para emocionar, ha sido una experiencia realmente profunda.” Dado que voy en busca de experiencias realmente profundas, esta crítica hizo que me decidiera a comprar el libro. La verdad, profunda, lo que se dice profunda, pues no. Que conste que he tenido perros (y gatos) y los he querido como a un miembro de la familia pero…francamente, creo que este chico necesitaba con urgencia encontrar una pareja.

Lo dicho, la lectura es amena, la idea original y, algo que me gustó es que es autobiográfica. Steven tiene un punto majareta que resulta encantador y que a la vez nos deja entrever que se esconde en los pliegues más profundos del alma cuando nos atrevemos a dar rienda suelta a nuestras emociones.

¡Feliz viernes!

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