Hablar con Extraños, un libro fascinante

Acabo de leer el libro de Malcolm Gladwell, Hablar con Extraños y os lo recomiendo encarecidamente. De forma magistral Gladwell estudia algunas de las ideas preconcebidas que tenemos respecto al resto de la humanidad.

Después de una introducción desgarradora que no os revelo por si os decidís a leerlo, el autor nos habla de espías y diplomáticos, de jueces y de psicólogos y nos explica con todo lujo de detalles como, con unos pocos elementos, nos creemos capaces de definir y juzgar a otros sin pensarlo dos veces. La conclusión de la primera parte del libro es: Los desconocidos no son simples.

En la segunda parte del libro Gladwell nos explica minuciosamente como todos experimentamos un sesgo hacia la veracidad cuando se trata de personas sobre las cuales nos negamos a creer nada malo. Personas a las que admiramos, respetamos o tenemos en alta estima pueden resultar unos delincuentes que con encanto y carisma nos enredan en sus redes. Las historias que narra, dado que hablan de abusos sexuales a menores y desfalcos a gran escala, son desgarradoras, sorprendentes y muy ilustrativas de situaciones en las que pensamos que no caeríamos pero…sin duda, parece ser que sí lo haríamos. También nos presenta al loco sagrado, presente según él en muchas culturas y que no es nadie más que aquel que no se deja engañar por las apariencias o las palabras amables y es capaz de ver lo que los demás, a pesar de creernos muy astutos, no vemos.

La tercera parte aborda el tema de la transparencia y nos explica cómo nos equivocamos cuando creemos entender las expresiones faciales de los demás. También dedica un capítulo a lo que sucede cuando las personas beben más de la cuenta y de como los botellones en los campus universitarios llevan a tremendas lagunas mentales en las que las agresiones sexuales se multiplican y…desgraciadamente, cuando la sobriedad hace su aparición ni agresor ni agredida recuerdan prácticamente nada.

En la cuarta parte, entre otras cosas, nos explica cómo torturar a un prisionero de guerra hace el efecto contrario al esperado cuando se trata de sacarle información. También analiza cómo suicidios y crímenes responden a patrones que tienen más que ver con el lugar y el contexto que con la personalidad de quien los comete.

Por último en la quinta parte nos habla de como el ignorar el sesgo de veracidad que la mayoría tenemos puede tener consecuencias nefastas. Nos explica el ejemplo de la policía de Carolina del Norte (USA) que buscando “agujas en un pajar” acaba por condenar a gente inocente que, en circunstancias normales, no habría tenido problema alguno con la justicia.

En resumen, éste es un libro fascinante sobre la naturaleza humana, sobre los prejuicios, los juicios de error y cálculo y las consecuencias que todo ello acarrea. Afortunadamente, Gladwell no se queda solo con lo negativo y nos explica qué acciones se han tomado para que los despropósitos que surgen a raíz de todo lo anterior se reconduzcan y el ser humano, lenta pero inexorablemente avance hacia un lugar mejor.

Es probable que te veas reflejado en algunos de los ejemplos que ofrece y, aunque no es agradable, si que es ilustrativo y enriquecedor.

Muy, muy recomendable.

¡Buen fin de semana!

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