Secretos de Estado

Acabo de ver esta película en Prime TV y os la recomiendo porque, aunque el tema central es conocido por todos, la historia de la protagonista para mí ha sido una sorpresa. Katharine Gun es una chica que trabaja para el GCHQ (la sede de comunicaciones del gobierno inglés) escuchando conversaciones comprometidas con el objetivo de prevenir atentados y amenazas similares.

Un buen día entra en el sistema un email en el que miembros del gobierno inglés y del gobierno americano se confabulan para justificar la invasión y guerra de Irak (la incursión de España durante el gobierno de Aznar es tan ridícula que ni siquiera merece una mención en la película). No os doy todos los detalles para que disfrutéis de ir descubriendo las maquinaciones de las altas esferas políticas y como, quienes mueven los hilos en el poder, manipulan la ley, la información y lo que haga falta para salirse con la suya.

Katharine Gun decide filtrar la información a la prensa y, a partir de ese momento, se lía una buena que concluye con un final sorprendente del que no diré ni pio para no haceros un “spoiler”.

Para mi Katharine representa esa parte de nuestra conciencia que algunos tenemos despierta, a otros se les está despertando y otros tantos, una desafortunada mayoría, no se enteran ni de que la tienen porque, hay a quien le resulta más cómodo no saber y así no sentir la responsabilidad de tener que involucrarse y hacer algo al respecto. Katharine es ese espíritu indómito, idealista y que busca justicia, esa persona singular y excepcional que está dispuesta a arriesgarlo todo por defender aquello en lo que cree. Katharine resultará incómoda para muchos ya que nos hace de espejo y por comparación, nuestras quejas y elucubraciones mentales respecto a las injusticias del mundo parecen banales y vacías de contenido.

Curiosamente la película es de 2019, la guerra que se inició en 2003, finalizó en 2011, dejó un país destruido y causó miles de muertes innecesarias, sin ser necesariamente lo mismo, guarda ciertos paralelismos con la situación que estamos viviendo actualmente. Noticias contradictorias, videos que desaparecen de las redes sociales, información claramente manipulada, portavoces de pacotilla a los que solo hacen caso aquellos que se sientan frente a la TV y no son capaces de ver más allá de sus narices. No hay más que ver la devoción con que la mayoría se encasqueta la mascarilla como si de verdad un trozo de material, que en algunos casos no está ni homologado, les fuera a proteger de un supuesto virus mortal que tiene la capacidad de discernir quien se sienta delante o detrás en un coche, quien nada a tres metros de quien o quien guarda la distancia entre las mesas de un restaurante. ¡Sería gracioso si no fuese tan patético!

La diferencia entre 2003 y 2020 es que ahora tenemos mucha más información, somos mas hábiles encontrándola, compartiéndola, analizándola y, aunque de momento parece que no sacaremos nada en claro, no tengo la menor duda de que la verdad finalmente surgirá y, aunque sea en una película, un día sabremos que hay realmente detrás de este circo del miedo y la coacción que entre unos cuantos han montado.

¡Feliz domingo!

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