Así se desvanece el amor

Photo by Kelly Sikkema

Estudiosa de la conducta humana que soy me dedico a observar que hacen las parejas con las que me cruzo a lo largo del día.   La variedad de actuaciones es amplia y variada.  Yo las registro todas y me pregunto cuales de ellas son inevitables, cuales son ineludibles, cuales son resultado del paso del tiempo y la pérdida de brillo de los primeros y fascinantes meses de una relación. 

Mientras almuerzo en el bar de la esquina miro con disimulo a una pareja que, aunque está físicamente en la misma mesa, se encuentran a varios kilómetros el uno de la otra.   Han entrado en el restaurante, se han sentado a la mesa, ella ha dejado su bolso en el suelo y él, sin perder un segundo, ha sacado su móvil y se ha puesto a mirar la pantalla como si en ello le fuera la vida.   Ella por su parte, ha hecho ver que no le importaba, ha barrido con la mirada el local y después de rebuscar unos segundos en su bolso, ha sacado su móvil y también se ha puesto a mirarlo.   Que pena, he pensado, un rato que tienen para disfrutar de uno de los placeres más grandes que nos proporciona el día y, cada quien está inmerso en su aparato.   

Les veo caminar cogidos de la mano desde hace meses.   Al principio pasaban frente a mi puerta y no se separaban por ningún motivo.  Hace unas semanas que caminan juntos pero ahora, cada quien tiene las manos libres para coger otras cosas.  Suele pasar, uno detecta rápidamente quien hace poco que ha iniciado una relación, quien se desliza por la pendiente de esa rutina gris que acaba tiñéndolo todo y quien, a pesar del paso del tiempo, se sigue amando. 

Te presento a mi pareja dice él con gran orgullo, la besa sin pudor delante de quien sea.  Con el paso del tiempo a ese beso espontáneo le cuesta más salir, en ocasiones parece que hasta le da un poco de vergüenza.   Ellos no suelen enterarse, ellas se entristecen en silencio.   El río que ruge con brío y fuerza va desviando su cauce hasta convertirse en un arroyuelo en el que la energía se desvanece, la historia se pierde. 

Por último, prestando atención a una conversación que no me pertenece, una amiga le cuenta a otra que hasta anoche no pasó un solo día en que no se durmieran abrazados pero,  ayer al acostarse,  él le comentó que estaba cansado, que la deseaba tanto que prefería dormir lejos de ella para no importunarla con sus caricias fuera de hora.   Empieza el declive comenta riendo la que escucha,  eso me temo, contesta la otra.  

Y así amigas es como los cuentos de hadas pierden su brillo, la música se desvanece, la tristeza se instala y las historias, por aburridas y corrientes, se repiten una y otra vez.   Que pena que el amor que algunos consideran tan importante se escapa por las costuras del día a día simplemente porque nos parece que el otro, o la otra, siempre estarán ahí.   Triste error.   

¡Feliz miércoles!

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