Deja de ser tú

Alguien muy querido me sugirió que leyera este libro. La verdad, en un principio el título me pareció un poco insultante. ¿Dejar de ser yo? ¿por qué? si soy un encanto. Pero, al empezar a leerlo, enseguida entendí el porqué de la sugerencia.

Joe Dispenza, el científico que aúna la física cuántica, la biología, la genética y la neurociencia de forma magistral, nos hace reflexionar sobre esos pensamientos que, a menudo, nos meten en problemas, nos hacen infelices y son la causa de muchas de nuestras neuras.

La mayoría, según Dispenza, tenemos un diálogo, en ocasiones obsesivo, que de tanto repetir termina por crear caminos neuronales en nuestro cerebro y, dado que al cerebro le gusta trabajar lo menos posible, a la hora de pensar se remite a aquello que ya hemos hecho con anterioridad.

Argumenta este autor que a menudo confundimos nuestros pensamientos con quien somos realmente y eso se traduce en frases como “soy un negado para los idiomas”, “no soporto que me lleven la contraria”, “nunca llegaré a nada”. Según él, estas ideas acaban por convertirse en auto-profecías porque el pensamiento conlleva acciones y, al final del día, nuestra vida es una concatenación de hechos que crean la realidad en la que vivimos.

Lo que más he valorado de esta obra son los ejemplos, con los cuales me he sentido identificada, y los ejercicios prácticos que ayudan a romper el patrón de nuestras divagaciones y cambiar aquellos aspectos de nuestra conducta que impiden que seamos felices y disfrutemos de la vidascon serenidad y alegría.

Este es un libro para leer despacio, reflexionar, subrayar, volver a leer y…lamentablemente, no prestar ya que, probablemente, tendremos que repasarlo en más de una ocasión. El cerebro tiene esa curiosa habilidad de descartar aquello que no le interesa y regresar al lugar en el que se siente más cómodo. Curiosamente, funcionamos así aunque al hacerlo sepamos de antemano que nos meteremos en problemas.

Llevo semanas repitiendo, cuál monje tibetano, uno de los mantras sugeridos por Dispenza: ¡Cambia! ¡Cambia! ¡Cambia!. A ratos funciona, a ratos no pero, he de reconocer que mi cerebro reptil se va acostumbrando a la palabrita y cada vez cuesta menos reemplazar una conducta reactiva por otra algo más civilizada que, al final, transforma mi realidad en algo diferente, más positivo y por tanto, mejor.

No os descubro nada cuando digo que cambiar es difícil pero, ya que hemos venido aquí para aprender, la única forma de hacerlo es superándonos a nosotros mismos y mejorando un poquito cada día. A mí me recuerda a la cinta de correr en el gimnasio, se suda la gota gorda, la mayor parte del tiempo dan ganas de abandonar no obstante, cuando finalmente la máquina se para disfrutamos de una sensación muy agradable de logro, de superación, de serenidad.

Os lo recomiendo encarecidamente.

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